Infinit
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Tiempo para…

 

 

 

Siempre me llamó la atención cómo, en las ciudades o pueblos chicos, la gente tiene más tiempo para compartir con sus amigos. No sólo para tomar unos mates y dejarse llevar en una conversación sin sentido. Sino también para darse una mano. Al igual que en las aldeas de algunas culturas aborígenes, en algunos pueblos que tuve la oportunidad de visitar (en la Patagonia, en Brasil), las personas hacen del acto de ayudar a un amigo, toda una celebración.

Mañana nos juntamos a comer una feijoada y ayudar a Pedro a arreglar su barco”, recuerdo que me contaba un amigo que vivía en una isla de Brasil. Era todo un plan que se extendía desde la mañana temprano y en el cual todos ayudaban a realizar un trabajo que Pedro, un viejo artista que vivía en un velero, no podría haber concretado solo.

Algo parecido sucedía con unas personas que conocí en Villa la Angostura. Eran un grupo de jóvenes de Buenos Aires, con hijos pequeños, buscando crear un medio de vida en ese alejado paraíso. Nunca les faltaba alguien que los acompañara en camioneta a buscar mercadería a Bariloche; las mujeres siempre tenían cerca otras mujeres a quienes dejarle sus chicos si tenían un compromiso. Aunque vivían en un lugar hermoso, estaba repleto de obstáculos, especialmente en invierno. Pero justamente esa sensación de estar lejos de sus lugares de origen, emprendiendo proyectos en un lugar aislado, los volvía más unidos, más comunitarios. Y el ritmo de vida que llevaban, mucho más lento que el que tenemos en las ciudades, les permitía tener todo ese precioso tiempo para compartir con amigos.

Por eso, rescato algunas reflexiones que pasaron por mi cabeza ayer, 20 de julio, mientras cocinaba para mis amigos. Si está permitido pedir deseos a esta altura del año, pido:

Más tiempo para conversar con mis amigos, cocinar para ellos, caminar juntos, invitar una amiga a quedarse a dormir como cuando éramos chicas, compartir un libro, una película, un disco, hacerle un favor a alguien, regalarles mi tiempo, mis horas, mis noches y mis tardes de domingo.

Foto de Heldes

Escrito el 21/07/08, por Maria. Dejá un comentario.
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5 segundos de gracia

 

“Ay, qué placer estos cinco segundos en que no recuerdo por qué estoy durmiendo acá”, decía Homero cuando se despertaba en el jardín después de la noche en que Marge -enojada- no lo dejó compartir la cama con ella.

Esta mañana, apenas abrí los ojos, tuve ese instante de calma. Pero de golpe -y durante el resto del día- recordé cómo fue mi noche, vi en un pantallazo rápido cada cosa que pasó. Deseé con toda la fuerza que hubiera sido un mal sueño, un pésimo sueño o la peor pesadilla. 

No se puede desear en pasado. Así que ahora sólo deseo esos cinco segundos de mañana . ¿Alguien se quiere ocupar por mí de los  86 395 restantes?

Escrito el 19/07/08, por cecilia. Hay 5 comentarios.
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La memoria encasillada

Las percepciones que se instalan en la memoria suelen parecernos inamovibles. Uno se hace una idea de algo, y después se queda con esa idea. Para evitar el abstracto, lo ejemplifico: para mi generación, James Bond es Pierce Brosnan. Hablo con gente mayor y me aseguran que no, que Roger Moore o que Sean Connery son los verdaderos 007; lo comento con mis primos menores y creen que es Daniel Craig.

No importa: el “casillero James Bond“, en mi memoria, está ocupado. Y entonces ese modelo que uno tiene, lo toma para medir a los nuevos o los viejos. Siguiendo con el ejemplo, Daniel Craig será buen actor, pero no es el Bond que yo conocí.

El pasado instalado es mucho más fuerte que lo nuevo que pueda aparecer. La temporalidad gana intensidad por la permanencia. Pero, a pesar de esta inamovilidad aparente de los conceptos, hay casos en los que lo nuevo tiene tal nivel que derrumba a la idea establecida.

Me sucedió hace poco, viendo la última película de Batman -Batman: El Caballero de la Noche-.

Mi Guasón era Jack Nicholson. Y bien digo era, porque lo cierto es que Heath Ledger derrumbó un mito. Debo confesar que, a pesar de los comentarios que había escuchado antes de ver el film, pensaba que el trabajo de Ledger estaba siendo inflado simplemente porque el actor ha muerto, y siempre se ensalza a los fallecidos. Sin embargo, este nuevo Guasón es espectacular. Cualquier fanático, tanto del cine como del cómic, coincidirá: surge algo así como un nuevo paradigma. Si en el futuro aparece otra versión del villano, no deberá enfrentar a Nicholson.

Mi memoria fue sacudida, y ahora tiene un nuevo nombre en el casillero “Guasón“.

Escrito el 18/07/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Estamos de pie

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Voces

Debate

Diálogo

Compromiso

Libertad

Unión

Democracia

Como las caras de este cubo, hoy pareciera ser un tiempo de orden, en el que cada pieza puja por encajar, allí, donde correponde. Es un tiempo de esperanza.

Y estamos de pie!

Vane

Foto: Ilyfe

Escrito el 17/07/08, por Vane. Hay 1 comentario.
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Cronoduda

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Hay una rama de la biología que estudia el tiempo interno de humanos y animales. Se llama cronobiología. Los científicos observaron -esto sin tanta ciencia- que algunos períodos pasan volando, otros se nos hacen eternos, sentimos sueño por las noches, hambre o cansancio a determinada hora de la tarde, estamos mejor predispuestos al ejercicio o la actividad mental en ciertas horas del día…. Entonces se preguntaron en dónde queda ese reloj biológico. Fue así que comprobaron la existencia de una vía directa que va desde la retina del ojo hasta el hipotálamo que finalizan en dos pequeños núcleos ubicado por encima del quiasma óptico (los núcleos supraquiasmáticos).´.. Bah, toda una rimbonbancia para decir lo mismo que Cortázar en 1950: “El tiempo entra por los ojos, eso lo sabe cualquiera”.

Yo me quedé pensando… Es cierto que hace un par de años está la sensación cada vez más expandida de que el tiempo se nos escurre entre las manos. Cada año que despedimos duró -como los otros- 365 días, pero decimos boquiabiertos: “Pasó volando, che”. ¿A qué se debe? Dicen que el tiempo parece pasar más rápido cuando uno la pasa bien. ¿Quiere decir que estamos todos súper felices? No lo sé, pero me intriga.

Escrito el 15/07/08, por cecilia. Hay 3 comentarios.
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El triunfo de la constancia

Al principio era una banda “sectaria”, de skate rock. Después se convirtió en una de las favoritas de los periodistas. Corrían los años ochenta y Massacre Palestina crecía muy de a poco. Un líder carismático, riffs mucho más interesantes que los que sonaban en las radios, y sin embargo la masividad tardaba en llegar.

Hubo cambio de nombre (después del atentado a la embajada de Israel pasaron a ser lisa y llanamente “Massacre“), cambio de integrantes -entró Fico como segundo guitarrista; partió uno de los fundadores, el bajista José Armetta-. Pasaron distintas discográficas hasta finalmente llegar a la autogestión. Pero siempre acompañaron las modificaciones con mucha música y empuje, comandados por el incansable Walas.

El reconocimiento llegaría: tarde o temprano, pero llegaría.

Discos cada vez más limpios, público creciente… Claro que no todo fueron rosas: tal vez uno de los puntos más duros que debió afrontar la banda fue justamente este año, cuando el guitarrista Fico sufrió un accidente en el que falleció su compañera y él terminó duramente golpeado. Pero el empuje siguió, y de pronto llegaron a la meca del rock: Massacre, finalmente, tocaba en Obras. “La fiesta de los superhéroes del under“, tituló Página/12 esa cobertura.

¿Cuántas bandas logran mantenerse durante tanto tiempo? Es fácil seguir con “el negocio” si sos parte de los Rolling Stones: tocando a salas llenas y facturando por millones todo se hace más llevadero. Pero la unión en la adversidad… eso sí que es complicado.

Y entonces me veo, ayer, en una Trastienda abarrotada de público de distintas edades, desde diecicortos a treintaylargos. Padres e hijos juntos, los fanáticos de siempre, los nuevos, parejitas, hombres y mujeres solos…

El ejemplo de la perseverancia está tocando en el escenario, y todos lo disfrutamos.

Escrito el 13/07/08, por Martin. Dejá un comentario.
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Postales de un año atrás

 

 

 

 

Para los que llegan a este blog desde lejos, el 9 de julio de 2007 nevó en Buenos Aires. Lo recuerdo porque el clima no deja de sorprendernos y hoy tuvimos un día primaveral en la ciudad, con 24 grados de temperatura.  Así que no, este año, parece que no va a nevar en Buenos Aires.

Escrito el 12/07/08, por Maria. Hay 1 comentario.
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Una definción simple

“El tiempo es la manera en que la naturaleza evita que todo suceda de golpe”

John Wheeler (creador del término agujeros negros)

 

foto por Gelchy

Escrito el 11/07/08, por Maria. Hay 1 comentario.
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Todas las vidas en una

foto de vuenosairez.com 

Hay una revista que ya no existe. En su cuarta edición la actriz, cantante y escritora Rosario Bléfari escribió un artículo cuyo título sentí que me hablaba: “Mil vidas en una”. Consistía en una propuesta para quienes, de vez en cuando, necesitan ser otro o fantasean con vivir las experiencias de todas las vidas en ésta. Ofrecía una serie de trucos a modo de alternativa a la virtual Second Life. Entre las opciones recuerdo algunas: disfrazarse, es decir recuperar el sentido del carnaval tal como lo describía Peter Burke, como un mundo “al revés”; llevar un diario (pero de vivencias inventadas); mantener una vida sexual activa, chatear con alguien muy cercano, practicar meditación, jugar con un niño, mudarse, ayunar, anestesiarse… Y una que me impactó especialmente: bailar con un desconocido. Relataba su propia experiencia, cuando bailó una chacarera con una maestra norteña a punto de jubilarse, bajita y gordita; luego con un joven grandote de pelo largo y por último con una bailarina profesional de folclore. “Ellos eran muy distintos entre sí”, explicaba, “pero yo también fui alguien distinto en cada ocasión. A veces me sentía hábil, a veces vieja, a veces torpe, a veces muy femenina…”. ¡Me pareció tan hermoso! Para mí una buena forma de ensanchar la propia vida es cocinarle a alguien. O hacer regalos (sobre todo si implica desprenderme de algo muy querido).

…¿Y cuál es la tuya?

Escrito el 09/07/08, por cecilia. Hay 3 comentarios.
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Leer sin cronometrar

Una vez me dijeron que todo es posible llevarlo hacia una zona matemática: nada escapa a la numeración. Ni siquiera la literatura. Pensé en esto cuando, hace algunos años, distintos medios de comunicación comenzaron a publicar el “tiempo de lectura estimado” para las notas. Este coeficiente nacía de una cuenta que no recuerdo exactamente en este momento pero que calculaba la relación entre la capacidad de comprensión de las palabras y la habilidad para retener su significado.

Pero hace muy poco caí en la cuenta de que “contabilizar la lectura” es un acto cruel e injusto: ¿Cómo estimar el impacto que un párrafo puede tener en nosotros?

Ya al leer la novela La Carretera, de Cormac McCarthy, había sentido que la intensidad no puede medirse: es un libro corto pero que, por el impacto que generaba en mí, no me permitía avanzar de a más de veinte páginas por día.

Había olvidado esa sensación hasta que, hace unos pocos días, me topé con Tsugumi, la última novela traducida al español de la escritora japonesa Banana Yoshimoto.

Espero no caer en el cliché de considerar los textos orientales como “más reflexivos”, pero lo cierto es que el uso que hace esta autora de cada descripción le hace pensar al lector que la elección de las palabras no es azarosa. Las frases parecen caer en su justo lugar, por más que la historia en sí sea sencilla. Así, la referencia a un atardecer en las costas japonesas se convierte en un disfrute que vale la pena releer dos o tres veces. ¿Cómo calcular ese “tiempo de lectura” en estos casos? Sería faltarle el respeto a quien pensó cada punto y cada coma.

De yapa, les dejo un párrafo de Tsugumi, de Banana Yoshimoto:

“(…) El sol refulgía, muy alto, y envolvía en un resplandor blanco toda la playa. El mar, en calma chicha, parecía un lago y mi padre se fue adentrando sin dejar de gritar, igual que un niño, que el agua estaba muy fría. Parecía que, en vez de avanzar por sus propios medios, se dejara llevar por el mar hacia el horizonte. Aquella inmensidad azul no tardó en engullir su figura. Me levanté y me metí en el agua, decidida a alcanzarlo. me encanta ese momento en que la piel comienza a tolerar la temperatura de un agua de la que, al meterse, cualquiera habría salido corriendo. Alcé la cabeza y vi brillar sobre el azul del cielo el intenso verde de las montañas que rodeaban la bahía. Un verde que, al reflejarse en el mar, era aún más intenso. (…)”

Escrito el 06/07/08, por Martin. Hay 2 comentarios.
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